La opinión pública es asombrosa. No tendrá aspectos censurables Cristiano para que las críticas más despiadadas lleguen por celebrar su cumpleaños. En realidad, tampoco merecen demasiado análisis, pues provienen del pensamiento más tiquismiquis, hipocritón y demagogo, esa impostada y regañona postura de denunciar la alegría privada en situaciones en que está solemnemente prohibida. El 4-0 del Atleti, versión futbolera del conocido hit “con la que está cayendo”, nutritivo alimento para este país de monaguillos.
Interesa más el componente simbólico del asunto. Lo bien que sienta el reggaetón a los jugadores del Madrid. Cristiano, que a veces parece un action man con un palo en el ojete, todo él una contractura de pura sobreactuación, se mostraba relajado, ligero, pajarero, con ese punto de frivolidad que le permitiría liderar ámbitos inalcanzables para sus competidores (Messi es un gigante sin carisma, con el domicilio en Babia). James y Marcelo, con dinero suficiente para hacer de su vida un videoclip de Juan Magán, sonreían tímidos cantando, refrendando su (demasiadas veces olvidada) condición de chiquillos, los ojos como platos por el disfrute de lo que no es más que un juego. ¡Hay que reivindicar el madridismo alegre y faldicorto! Se empieza sermoneando y se acaba con Khedira de titular. Quien, por cierto, también estuvo en la fiesta pero no bailó, como no podía ser de otra manera.
Luego está la cuestión sentimental. “Si tú no te enamoras”, cantaba Cristiano con los ojos cerrados. La letra correspondía a un fucker, pero su entonación era profundamente melancólica. Otro juego y otra frivolidad: cantar sobre el amor para huir de él. El que esté libre de pecado… Lo único reprochable es que el artista contratado fuera un loser semidesconocido en vez de un, no sé, Romeo Santos. El reggaetón, el ritmo alegre y la música ligera latinoamericana, además, sirven como metáfora opuesta a ese grano en el culo que nos ha salido últimamente (el Atlético de Simeone no deja de ser lo más agresivo de lo latino, algo casi precolombino; fútbol rudimentario dispuesto a sacrificar rivales en el trono de su dios, la intensidad). Por lo demás, esta deriva laxa del club ha conseguido echar del Bernabéu a los pomposos Ultrasur, y esa ventilación de ambiente bélico y eclesial lo está llenando de chicas. Francamente, no le veo más que ventajas.
En cualquier caso, queda demostrado el componente beatífico de la música para el vestuario. El reggaetón travieso y suavón aplaca las pasiones, vertebra las relaciones, y carece del rotundo significado provinciano en que están atrapados otros, exigiendo un corro de sardana hasta tras ganar el Gamper. Respecto a Ronaldo, desdramatizar su situación le vendrá bien, y la próxima vez que vaya a ver a Cibeles, en vez de berrear, podrá comentarle lo bien que se la ve, y sacarla a una bachata. El Cristiano después del dolor puede ser aún más grande.
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