martes, 29 de septiembre de 2015

Zizek en Granada

Many lefties are so stupid. Si hubiera de resumir en un titular la entrevista del viernes pasado de Slavoj Zizek en la facultad de Filosofía y Letras, no encontraría otro mejor. En un ambiente a priori ya entregado, el filósofo esloveno fue desmontando una gran cantidad de tópicos izquierdistas, con la tranquilidad del que se sabe con pedigrí suficiente para superar la cejas alzadas de la pureza. Comenzó con un resumen de su trayectoria vital en un país socialista, explicando los motivos por los que un comunista confeso se presentó a una elecciones en un partido liberal. Preguntado por sus apoyos a Tsipras, dio una lección de lucidez defendiendo la gestión pragmática en la limitación del entorno por encima de los ideales. El mayor puñal lo reservó para los movimientos localistas antiglobalización, explicando que la hipotética alternativa al capitalismo (aún por construir) no puede renunciar al carácter universalista si quiere conseguir mejores resultados que los de Pirro de Epiro. 

Decía Ortega que la claridad es una cortesía por parte del filósofo, y en ese aspecto Zizek hizo gala de una educación de colegio de pago, más allá de sus habituales chanzas obscenas y políticamente incorrectas (aunque, después de haber sido capaz de transgredir la corrección política de ese blindado catecismo que es la izquierda de la izquierda, las bromas sobre sexo se antojan anecdóticas). Por supuesto, también recurrió a su dosis correspondiente de lugares comunes, si bien matizados por su halo irreverente. Es un personaje con dotes de histrión, pero, observando sus análogos españoles, sólo puedo sentir envidia.

lunes, 31 de agosto de 2015

Oda socialdemócrata

No hay ninguna posición más despreciada que la socialdemocracia. La necesidad de refugiarse en lo irreal está extendida ampliamente, y esta mentalidad la convierte en la diana más odiada. Ninguna ideología ha luchado más contra la utopía (esa profunda inmoralidad) que la socialdemocracia.

La detestan los liberales puros, por entenderla como una indeseable injerencia paternalista en sus vidas. Ay, los liberales. Dicen “sin Estado”, y se imaginan en sus cómodas salas de estar con un vaso de whisky y la calefacción. Como si la seguridad jurídica y el respeto a la propiedad privada surgieran como las setas. También la odian los comunistas, a quienes no les importan los logros (factuales) alcanzados, pues son incapaces de perdonar su papel de optimizadora del capitalismo. En lugar de exacerbar las contradicciones del sistema buscando su caída, la socialdemocracia lo corrige, lo mejora, y, por tanto, lo apuntala. ¡Imperdonable! Con qué contumacia se afanan los comunistas en señalar los errores socialdemócratas, diagnosticando de inmediato la imposibilidad de sus planteamientos, y sin que se les caiga la cara de vergüenza. Por su parte, el resto de opciones religiosas, desde el conservadurismo hasta el nacionalismo, desprecia su falta de certezas absolutas, de dogmas, su naturaleza reinventable y su defensa de la heterogeneidad diversa dentro de lo común.

Algunos, conscientes de su propia insolvencia para plantear alternativas, tratan de desvirtuarla desde dentro. La verdad se puede esconder con silencio, pero también con ruido. De este modo, se reivindican socialdemócratas intentando una labor de zapa (si la socialdemocracia lo es todo, entonces no significa nada), o la usurpación de su grandeza. Hoy escuchamos hablar en sus propios términos a los adversarios más enconados. Hasta qué punto ha de llegar la pretensión de degradación, si incluso Lenin va a terminar empuñando la rosa roja.

Al final, impostores o no, todos apuntan al mismo lado en sus pringosos ataques. A su supuesto flanco débil. Desde los distintos púlpitos de autoatribuida dignidad, la acusan de excesivo pragmatismo y de poco ambiciosa. “Nosotros prometemos mucho más que una ideología de grises”. ¡Hay que estar tan ciegos! A la única posición verdaderamente sincrética; a la única auténticamente consciente de que no se puede tener todo, y a pesar de ello capaz de no renunciar del todo a nada; a la única que, por carecer de un catecismo férreo a implantar, es capaz de moldearse en función de las circunstancias; a la única que asume como valores, no sólo no excluyentes, sino de necesaria combinación, tanto a la libertad como a la igualdad; a la única, en fin, que ha logrado, desde cualquier prisma que se quiera analizar, las mayores cotas de prosperidad y bienestar que ha alcanzado la humanidad en sus miles de años de historia, la ha de desmerecer la legión de tuertos monaguillos. Aunque en cierta medida, se puede entender. El triunfo de la socialdemocracia es de tal calado, tan obvio, que su asunción sin refugios resulta demoledora para los adversarios, que no pueden prescindir de su derecho al pataleo. Bien está. Otros, sin embargo, preferimos recrearnos en la belleza intimidatoria de la hegemonía de lo real frente a las ficciones.

lunes, 24 de agosto de 2015

J1. Sporting 0 - Real Madrid 0

Yo quiero regalarte una poesía
Tú sientes que estoy dando las noticias


Vive el Madrid en una especie de eterno retorno profundamente agotador para sus seguidores. La temporada pasada terminó con una sensación agridulce, penando por el fracaso y el terrible contraste de los laureles rivales, pero al mismo tiempo con el convencimiento de que, tapando las goteras y comprando un depósito de gasolina más grande para la calefacción, la situación sería propicia de nuevo para el asalto al triunfo. En lugar de esto, le hemos metido fuego a la casa y nos hemos vuelto a mudar. De la socialdemocracia ancelottiana a un corsé más ortodoxo, al que habrá que dar tiempo para que cuaje, como cuaja la nieve o, ay, la sangre. Los madridistas quisiéramos llenarle los bolsillos de guerras ganadas, pero no está en nuestra mano.

Del partido del Molinón no hay mucho que desgranar. Más allá de las habituales lisonjas que se llevará el Sporting (la cultura del esfuerzo, ese pringoso consenso a cuyo calor de establo se arrebujan tantos falsos humildes), el peor enemigo del Real Madrid fue él mismo. Su enésima reconstrucción lo tiene a medio hacer, con jugadores fuera de posición o directamente desconcertados. Con unos laterales con profundidad y de nulo acierto (circunstancial en Marcelo, no tan claro en Danilo), un mediocampo trufado de imprecisiones, con un Isco adornándose a sí mismo en sus ratos de soledad (nos pasa a muchos), un Ronaldo insufrible y un Bale como boya autista que apenas adquiere sentido con espacios para darle gusto a las piernas. Un montoncito de piezas, pr(inc)esas de un cuento infinito. Por supuesto, no pretendo dramatizar (nunca quise narrar esa historia porque pudiera resultar conmovedora), es seguro que en las jornadas sucesivas el Madrid irá consiguiendo salir de la celda que le plantea el contrario de clase media antes de que se agote el grifo de los minutos. Tampoco se es un audaz profeta si se vaticina que en mayo los blancos estarán peleándolo todo. Pero, simultáneamente, me provoca una cierta melancolía continuar deseando a ver si uno de estos días se aprende a montar un proyecto sin tener que dar tantos rodeos. Porque, al fin y al cabo, épicas literarias aparte, toda esta historia tan sólo me importa porque es mi equipo.



miércoles, 19 de agosto de 2015

El estilo del columnista

La categorización de Umbral como estilista empequeñecido esconde un ataque hacia la prensa como género. "La prensa tiene que ser prosa sin poesía: pura racionalidad." ¡No se puede envolver el pescado en papel de regalo!

Entiendo el peligro de que el columnista se convierta en un monologuista pagado de sí mismo. La realidad no puede ser un pretexto, sino la base. Ahora bien, está por demostrar que el roce del estilo con la realidad siempre produzca engendros. 

Dulcinea, de Marcel Duchamp

Ardua pero plausible, la pintura
cambia la blanca tela en pardo llano
y en Dulcinea al polvo castellano,
torbellino resuelto en escultura.

Transeúnte de París, en su figura
–molino de ficciones, inhumano
rigor y geometría– Eros tirano
desnuda en cinco chorros su estatura.

Mujer en rotación que se disgrega
y es surtidor de sesgos y reflejos:
mientras más se desviste, más se niega.

La mente es una cámara de espejos;
invisible en el cuadro, Dulcinea
perdura: fue mujer y ya es idea.

jueves, 13 de agosto de 2015

El error de la paloma

Cuando alguien se queja de los obstáculos que la realidad le plantea, alegando que con un camino expedito (o, al menos, más fácil) sus logros serían mayores, incurre en un grave error. Empleaba Kant la metáfora de la paloma que se lamentaba de la resistencia del aire que frenaba sus alas. El ave confiaba en que volar en el vacío le resultaría mucho más sencillo, demostrando su ignorancia acerca de la naturaleza de su propio vuelo. Invocar una vida cuesta abajo puede resultar tentador, pero la realidad se empeña en demostrar que no hay salto sin valla.

Son muy escasas las acciones faltas de referencia, auténticamente nihilistas. Ese ímpetu repentino que te lleva a suicidarte o a acostarte pronto.

sábado, 8 de agosto de 2015

El problema de las democracias

Esto de Baggini:

"El reto del mainstream para contrarrestar a los populistas es inmenso. La tentación es jugar a su juego, tratando de superar su oferta con simplificaciones y promesas poco realistas. Esa es una manera segura de perder. La única estrategia sostenible es reconstruir la confianza ladrillo a ladrillo, demostrando la seriedad y la integridad de que carecen los populistas. El problema es que, por el momento, esa seriedad e integridad es justo de lo que carece una generación política esclava de la gestión de la imagen"